En los museos modernos, trabajan muchas personas con tareas -en ocasiones- ininteligibles. Pululan por las diferentes salas como las avispas a partir de la primavera. A gran parte de estos trabajadores se les ve agriados, con gesto de institucional sufrimiento. Habitualmente vigilan para que a ningún niño o adulto le de por hacer una raya en ese cuadro de valor incalculable, o bien directamente para evitar que algún necesitado se guarde en la mochila ese micro cuadro del último artista en liza.
Por ejemplo, este es el tiempo que puedes grabar El Guernica sin que venga alguien y te recuerde que esta terminantemente prohibido tomar imágenes en la sala -y adyacentes- donde se exhibe el inmenso grafito de Picasso.
Salvador debía ser un tipo al que le interesaba vivir desaforadamente la vida y que ademas tenía un don para la pintura. Y cuando pintaba, era un genio.
Así se analiza un cuadro de Dalí, técnica de visión lateral, obviando lo que tienes enfrente.
Los museos modernos públicos son -en gran parte- de los ciudadanos. Un escaso porcentaje de su financiación sale la plebe. Algo que no se refleja. Una entrada tiene un precio de ocho euros; el dilema del arte y el dinero".
Q.F., galerista.
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