Nos enviaban de una patada a las duras calles a buscarnos la vida entre parques cuidados, aceras impolutas y, para rematar la faena, alcantarillas desinfectadas.
Nunca nos habíamos quejado en siglos de existencia pero aquella vez decidimos poner una reclamación en la ventanilla de atención al ciudadano del Ayuntamiento.
La funcionaria que nos iba a atender salió despavorida entre gritos de histeria.
En fin, hay que ver, tampoco somos tan feas.
Nunca nos habíamos quejado en siglos de existencia pero aquella vez decidimos poner una reclamación en la ventanilla de atención al ciudadano del Ayuntamiento.
La funcionaria que nos iba a atender salió despavorida entre gritos de histeria.
En fin, hay que ver, tampoco somos tan feas.
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