I said:
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El autor se hace cargo de antemano.

jueves, 5 de julio de 2018

Los inicios.

Recuerdo que repetías que lo más importante para un jugador de fútbol era el silencio*.
Yo, con mis ocho años a cuestas, no tenía ni pajolera** idea de lo que decías.
Cogías carrerilla y no parabas de soltar unos rollos indescifrables sobre las actitudes y pensamientos de un jugador.
No creas que te hacía mucho caso; a decir verdad, no te hacía ni caso.

Todo ello coincidió con los días en los que empezaron a ir muy mal las cosas: la empresa cerró y ya tenías cuarenta y pico tacos***, se separaron de ti y un zumbido carcomía a diario tu vida.

Ideaste un salto mortal hacia atrás, a tu infancia y hablabas de fútbol como un antiguo filósofo lo hace sobre la estructura de la vida.
De nuevo volvías a ver por televisión partidos aunque compartir ese momento contigo era un sufrimiento: disquisiciones sobre la chapucera manera de defender de los defensas centrales, la capacidad geométrica en el pase, los espacios,... todo eran recuerdos y memoria de cuando fuiste jugador.  

Siempre habías llevado discretamente este deporte con orgullo y no eras de esos desquiciados capullos forofos que soltaban bilis por la boca.
Negabas esa teoría de que el fútbol es un deporte para mendrugos y mostrencos aunque también reconocías que en un alto porcentaje, seguía siendo opio para la masa.
No te perdías un puto partido hasta el punto de que olvidabas todo y a todos; no me extraña que te mandaran a paseo.
Te daba igual la radio o la televisión y echabas pestes contra los que ejercían de predicadores o proxenetas y sus sentencias sobre cómo debía jugarse.
Cuando algo te interesaba, era en serio. 
¡Menudo peligro!
Te pedí que dejaras de venir a verme jugar y no hiciste ni caso: te disfrazabas o te escondías en las esquinas, como una cucaracha.

Hace un par de años decidiste pirarte al otro barrio o a esa cancha de hierba natural de la que hablabas.
Después de tanto dolor camuflado, no he llegado a nada importante pero sí que he disfrutado.

Además, creo que he comprendido lo del silencio.

Ahora estoy callado, rendido en el incomodo y viejo sofá, viendo a todas horas esos aburridos partidos que no llevan a ninguna parte, ni te hacen mejor. 

* El Silencio, película de 1963 dirigida por el oscuro sueco Ingmar Bergman.
** Según el contexto y la situación, para expresar el punto de vista más o menos hostil o afectivo del hablante ante los designados por el nombre al cual acompaña.
*** Años de edad.

Nota a pie:
El viejo decía que los asteriscos en los textos modernos no dejan de ser como el delantero clavado bajo palos y en fuera de juego, a la espera de un rechace para empujarla; un acto estético de chulería de los que escriben, una banal demostración de sus conocimientos batidora para darse el pego y ligar mucho más con frívolas y frívolos intelectuales y si es posible, acabar en el catre.
Eso sí, con todos los respetos.

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